Dicen que hay veces en que los astros se alinean en el momento exacto en el que lo necesitamos. Y pareciera que eso fue lo que le pasó a Ingrid Wenderoth cuando, luego de llevar 6 meses arrendando una casa en Chicureo por primera vez, el dueño se la pidió porque volvía a Chile.

Se habían venido de La Dehesa porque ya llevaban un año viajando todos los días para traer a su hijo menor al colegio por estos lados y la tarea era agotadora. Incluso habían dejado atrás un proyecto arquitectónico listo para una parcela que, por temas de seguridad, prefirieron vender.

Y ahí estaba Ingrid y su familia. Con la cabeza helada por la noticia que les había caído como balde de agua fría, pero “manos a la obra” y a buscar un lugar para vivir. Esta vez, comprarían una casa que estuviera lista. “Estaba contra el tiempo, pero no quería irme a cualquier cosa. Y no había caso. Vi por todas partes y ninguna me convencía. Sentía que no eran para mí”, comenta. Hasta que un día las estrellas y los planetas se pusieron a su favor, y una corredora de propiedades la invitó a ver una casa que aún no había mostrado. El valor era mayor al presupuestado hasta el momento pero, con el impulso del marido, Ingrid emprendió partida.

Así fue como llegó al lugar en el que están todos encantados viviendo hace ya 2 meses. “Ni siquiera miré la casa. Todo lo que necesitaba estaba afuera. Y rallé la papa”, cuenta. Y claro, el quincho del que habla, además de ser muy bonito, la verdad es que es multifacético. De forma rectangular y emplazado a un costado de los casi 5.000 mts2 de terreno, este espacio al aire libre compuesto de madera, piedra y fierro negro, se divide en cuatro sectores. El primero, es un área con parrilla a carbón, horno y parrilla a gas, junto a una mesa de comedor larga. Lo sigue un estar con televisión, focos para pista de baile y un gran sofá cama lleno de cojines. A continuación se encuentra un fogón de cemento rodeado de asientos empotrados, y en cuarto lugar una barra de bar junto a la piscina. Dan ganas de quedarse por horas y horas. Lo mismo que le pasa a Ingrid y a varios que han transformado al lugar en sede indiscutida los fines de semana. No importa si hace calor o frío (hay sectores que están cerrados con vidrio), lo que más utilizan es la mesa para almorzar y el estar. Ahí ven largos partidos de fútbol o cantan karaoke. Incluso le celebraron el cumpleaños, con todo el curso, a su hijo de 7 años. Se ríe cuando recuerda como jugaban a imitar perros arriba del sofá, usaban las piedras como pelotas o volaban de un lado a otro el kétchup y las salchichas. Si hubiera estado en otra casa, no sabe si se hubiera animado. Lo mismo sintió cuando, mientras ordenaba, se encontró con una pelota de discoteque para colgar en el techo. Y es que a la antigua dueña no sólo le compró la propiedad, sino también sillas, cojines e incluso uno de sus dos perros.

Ingrid piensa que es estupendo hacer la vida al aire libre y asegura que este espacio es el más demandado de la casa. “¡Tengo todo para estar afuera!”, cuenta emocionada. Lo que sí reconoce que ayuda también a esto es que exista un camino directo desde la entrada exterior de la casa, que tenga baño ahí mismo, y que el sector de la parrilla esté cerca de la cocina y no al otro lado del jardín porque “mucha gente me ha comentado que se hizo un quincho exquisito pero le quedó lejos, entonces ha terminado comprando una parrilla de tambor y el sector ha quedado botado.” Los astros le siguen sonriendo a Ingrid Wenderoth. La primavera, con sus días más largos y soleados, lo más probable es que le siga regalando magníficos momentos. Con seguridad inaugurará el sector del bar que aún no han utilizado y seguirán viviendo a concho los fines de semana. Como dicen por ahí… “el que busca siempre encuentra”.

 

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