El interior de esta casa está lleno de colores y objetos que parecen haber sido sacados del cuento “Alicia en el País de las Maravillas”. Cruces, vírgenes, platos, pájaros, mariposas, corazones, animales, frutas y flores de género… Predomina la artesanía y santería latinoamericana, que es lo que a Catalina Correa más le gusta, porque encuentra que es una especie de rito u oración. Las paredes están decoradas con bonitos papeles murales o cuadros de distintas texturas y propuestas. Todo tiene mucho detalle especial y le da encanto a cada rincón de una manera lúdica, que entrega una inmensa calidez. “Son cosas que tienen su historia o son de gente que quiero, que tienen significado. Las voy pillando o me las regalan. No siguen un estilo especial ni me importa que combinen.  Me van gustando y las voy poniendo”, cuenta. Y eso se nota a primera vista. Pareciera que las cosas tuvieran vida propia.

Fueron las visitas de fin de semana a varias de sus grandes amigas que vivían en la zona, las que terminaron convenciendo a Catalina venirse por estos lados. Ya son seis años los que lleva con su marido y tres hijos en esta casa en el Alba 2. Son seis años en los que ha ido encontrándole a cada detalle su lugar perfecto dentro de 250 M2 que eligió construirse a medida según sus necesidades y aprovechando el entorno y el sol. Y es que esta casa cubo se encuentra completamente orientada de manera horizontal al norte, como si fuera un largo pasillo iluminado, con los espacios comunes hacia un lado y las piezas hacia el otro. Todo está conectado con 5000 M2 de un jardín al que le eligió a pulso cada una de sus plantas y la terraza está protegida por unas maravillosas persianas de palitos de bambú que le otorgan un toque rústico muy único. Una pérgola que da sombra en el verano, árboles frutales, un jardín interior con toques acuáticos estilo japonés y un techo de terraza con faroles colgantes de distintas formas y tamaños; son ejemplos del buen gusto con que uno se encuentra en cada uno de sus espacios exteriores.

Su lugar preferido de todos es la salita, “un espacio grande que proyectamos para que se juntaran los niños, y que pusimos al medio para que se conectara con todos los sectores de adentro y afuera de la casa”, comenta. Las piezas son en proporción más chicas, porque las usan básicamente para dormir, pero el resto de los espacios la familia los vive intensamente, tal como en el cuento de Alicia y el conejo, que en este caso, lo pillamos en la pared del baño de visita.

 

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